Dejo de enviar corazones junto con las palabras que tanto me llenaban, use la estrategia de todos los cobardes, le permití al tiempo su paso y en mí seguían creciendo dudas repletas de esperanza. Aprendí a dejar de mirarlo con amor, mientras algo en mi moría y entre tanto, aquí el pájaro azul de Bukowski se quemaba con cigarrillos que solo alivian cuando no estoy de ánimo. Poco a poco decidí irme, pero mis letras siguen ahí, y aún son de él.