domingo, 21 de abril de 2013

Serendipias y distopías.




En una ciudad llena de gente pero tan vacía y desprovista de perceptibilidad, recurrí a lo franqueable de las miradas y convertí a una persona, en una ciudad. Nos curábamos de pérdida en pérdida, y se nos daba fácil pensar que nos producíamos el uno al otro el síndrome de Stendhal, sin encaminarnos a los tontos ideales. Llegamos al punto de estar con la necesidad inevitable de necesitarnos demasiado... entendiendo que "demasiado" es un adverbio de connotación negativa. Porque hasta coincidíamos en la distópico de nuestros sueños. Y es que éramos la serendipia deseada al andar y la envidia de los frívolos.


Y aquí todavía se está con zemblanias. 

2 comentarios:

  1. miro mi teclado a esta hora de la noche y pienso que mis ojos han encontrado en medio de estas olas inabarcables de la internet, un rincón bastante cómodo para mis inquietudes nocturnas. ¿será que necesitar necesitarse involucra de por sí una invitación al abismo? ¿qué tan verdadera es una mirada en medio de una multitud? ¿habrá que perderse para encontrar una respuesta?
    le tengo miedo a todo, empezando por mí. me tolero, me alimento, me cuido para no agobiarme, pero no termino de comprender esta espina de insatisfacción, esta carencia de algo que no tiene nombre en mi consciencia.
    leo y leo queriendo aprender. tomo libros de los estantes, hago letras en papel, me pregunto por qué no decidí ser escritor de profesión y creo que, como siempre ocurre en la vida, uno termina perteneciendo a lo que huye.
    los frívolos tendrán envidia porque no salen a caminar.

    un saludo bogotano, Laura.
    este rincón bendice mi noche.

    ResponderEliminar
  2. Creo que siempre veo tarde las cosas que quiero, alegraste la noche.

    Y para mí perderse siempre será la mejor manera de encontrarse. Abrazo.

    ResponderEliminar